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Ciudades coloniales, lagos rodeados de volcanes, templos en la selva y cultura maya viva. Estos son los lugares que hacen inolvidable Guatemala y cómo combinarlos.
Guatemala reúne una cantidad asombrosa de maravillas en un país del tamaño aproximado de Inglaterra o Tennessee. En un solo viaje puedes pasear entre ruinas barrocas con la luz de la mañana, cruzar un lago bajo tres volcanes, ver un volcán activo lanzar lava al cielo nocturno y subir a un templo maya sobre el dosel de la selva. Más de la mitad de la población es indígena, y las lenguas, la indumentaria y las tradiciones mayas forman parte de la vida diaria, no de un espectáculo para visitantes.
Esta es nuestra guía de los lugares que, para nosotros, definen el país, y de cómo encajan entre sí.
Antigua: el corazón colonial
Fundada en el siglo XVI y capital del Reino de Guatemala colonial hasta que los terremotos de 1773 obligaron al gobierno a trasladarse, Antigua es una ciudad Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, de calles empedradas, fachadas en tonos pastel y ruinas de iglesias a cielo abierto. Tres volcanes enmarcan la ciudad: el Agua, el Acatenango y el inquieto Fuego.
Es la primera parada natural de casi cualquier itinerario. Pasa los días explorando las ruinas de La Recolección y del convento de las Capuchinas, visitando una finca de café en las laderas cercanas o simplemente buscando un café en un patio bajo las buganvillas. Su escena gastronómica es la mejor del país, y sus hoteles boutique están entre los más bonitos de Centroamérica.
No te pierdas: el atardecer desde el Cerro de la Cruz y el Arco de Santa Catalina a primera hora, antes de las multitudes.
El lago de Atitlán: tres volcanes y una docena de pueblos
Aldous Huxley comparó célebremente el lago de Como con el lago de Atitlán y salió perdiendo el primero; cuando lo veas, entenderás por qué. El lago llena una enorme caldera a unos 1560 m, vigilada por los volcanes San Pedro, Tolimán y Atitlán.
Cada pueblo de la orilla tiene su propio carácter:
- Santiago Atitlán: un orgulloso pueblo tz’utujil, hogar del santo popular Maximón
- San Juan La Laguna: cooperativas de tejido y tintes naturales, pintores y café
- Santa Cruz La Laguna: tranquilo, empinado y accesible solo en lancha
- San Marcos y San Pedro: yoga, cafés y un ambiente más bohemio
- Panajachel: la puerta de entrada principal, con las mejores conexiones
La mejor forma de vivir el lago es en lancha privada, parando donde quieras. El amanecer desde la Nariz del Indio (Rostro Maya) exige una subida corta y empinada, y regala una de las mejores vistas del país.
Chichicastenango y los mercados del altiplano
Los jueves y domingos, el pueblo maya k’iche’ de Chichicastenango acoge uno de los mercados más famosos de América. Los puestos de textiles, máscaras, flores y productos llenan las calles, mientras en las gradas de la iglesia de Santo Tomás la gente quema copal en rituales que mezclan creencias católicas y mayas.
Más al oeste, Quetzaltenango, a la que todos llaman Xela, es la segunda ciudad de Guatemala y una base para aguas termales, caminatas por el altiplano y mercados más pequeños y nada turísticos.
Tikal y el mundo maya del Petén
Si un sitio resume la grandeza de los antiguos mayas, es Tikal. En su apogeo, hace más de mil años, fue una de las ciudades más poderosas del mundo maya. Hoy sus templos se alzan sobre una selva protegida llena de monos aulladores, tucanes, monos araña y pizotes.
Recomendamos alojarse cerca del parque para entrar temprano, o unirte a nuestro amanecer en Tikal para oír despertar la selva desde lo alto de un templo. Instálate en la isla de Flores y plantéate añadir Yaxhá, con sus atardeceres sobre la laguna o, para los verdaderos aventureros, la expedición de varios días a El Mirador.
Un vuelo nacional de Ciudad de Guatemala a Flores dura una hora y convierte lo que sería un trayecto larguísimo en una mañana tranquila.
Acatenango: ver un volcán en erupción
Pocas experiencias en el mundo se comparan con una noche en el Acatenango. Desde el campamento base, a unos 3600 m, miras de frente al Volcán de Fuego, uno de los volcanes más activos del planeta, que a menudo erupciona cada 15 o 20 minutos. De noche, la lava brilla bajo las estrellas.
Es una caminata exigente, pero la recompensa es extraordinaria. Nuestra caminata con noche en el Acatenango se planifica a tu ritmo, con guías expertos y porteadores.
Semuc Champey y las Verapaces
Escondido en un cañón selvático de Alta Verapaz, Semuc Champey es un puente natural de piedra caliza coronado por una escalera de pozas turquesa, mientras el río Cahabón ruge bajo tierra. Súmale nadar a la luz de las velas por las cuevas de Kan’ba y bajar el río en neumático, y tendrás uno de los días más memorables de Guatemala.
Por el camino, los bosques nubosos de Cobán y las Verapaces ofrecen viveros de orquídeas, fincas de cardamomo y café y la posibilidad de ver el quetzal, el ave nacional.
El Caribe: Río Dulce y Livingston
La corta costa caribeña de Guatemala parece otro país. Un paseo en barco por el Río Dulce atraviesa un espectacular cañón de caliza cubierto de selva antes de llegar a Livingston, un pueblo garífuna al que solo se llega por agua. Prueba el tapado, una sopa de mariscos con coco, y escucha los tambores de punta por la noche.
El Pacífico: arena negra y tortugas
Para unos días de descanso, la costa del Pacífico ofrece amplias playas de arena negra. En Monterrico puedes explorar los manglares en barco y, aproximadamente de julio a diciembre, ayudar a liberar crías de tortuga marina al atardecer.
Cómo combinarlo todo
Con una semana, céntrate en Antigua y el lago de Atitlán, quizá con un mercado del altiplano. Con diez días o dos semanas, añade Tikal con un vuelo nacional y el Acatenango o Semuc Champey. Con tres semanas, puedes ver la mayoría de los imprescindibles a un ritmo relajado, incluido el Caribe o el bosque nuboso.
El secreto está en el ritmo. Las carreteras son lentas y sinuosas, así que siempre diseñamos rutas que reducen los trayectos largos y te dejan tiempo para quedarte.
Planifica tu Guatemala
Cada viaje que creamos lo diseña a tu medida un especialista local dedicado, que te acompaña desde tu primer mensaje hasta el día que vuelas a casa. Cuando estés listo, empieza a planificar tu viaje y esbozaremos una ruta que reúna los lugares que más te importan.